Los primeros vínculos y su relación con la enfermedad.

¿Qué tiene más importancia en la enfermedad, lo biológico o lo ambiental?. El primer término agrupa a los factores genéticos e intrínsecos que en su funcionamiento anormal determinan reacciones que se han clasificado según una convención en síndromes y enfermedades separadas. Esta forma de abordar la enfermedad, que ha arraigado en la comunidad científica, viene de lejos (Ramón y Cajal y Claude Bernard). Lo ambiental agrupa a los factores extrínsecos, que en forma de acontecimientos asociados a problemas o conflictos emocionales, pueden determinar respuestas anómalas tanto a nivel psíquico como físico.

Sin duda esta división es una muestra de la escisión entre cuerpo y mente. La parcelación de nuestro cuerpo en órganos y sistemas; la consideración de su funcionamiento como un sistema de engranajes y la separación de las funciones psíquicas y orgánicas, son los fundamentos principales de esta conceptualización. La cual ha resistido, hasta ahora, los embates de otras aportaciones filosóficas y de la física einsteniana.

Esta escisión ha provocado una diferenciación entre los síntomas somáticos y psíquicos, ya que los primeros se consideran un resultado de una disfunción o error del cuerpo, y los otros de la mente o su substrato cerebral. E incluso, la mayoría de perspectivas psicosomáticas que consideraban algunas enfermedades, no rompen esta división cuando sitúan en el cuerpo el efecto de un trastorno psíquico. De hecho, según estas teorías, las somatizaciones son concreciones de trastornos o malestares psíquicos en la parte más «débil o susceptible» del cuerpo.

Ante esto, otra concepción antepone el hecho que el sistema nervioso central, periférico y autónomo constituye un sistema sensible, conectado con el medio y el resto de órganos, formando un espacio de relaciones mutuas, donde se desarrollan pautas de comportamiento de carácter general y propias de cada especie que habita nuestro planeta. Y esto confirma la existencia de una unidad psicobiológica o cuerpo psíquico en todo ser vivo. La base biofísica para entender esta unidad la hemos de buscar en los descubrimientos en física cuántica. Esta nos muestra que la materia se presenta de manera dual: partícula o condensación y onda o resonancia. (Dana Zohar ha propuesto que las condensaciones de Bose-Einstein con el sistema de bombeo de Fröhlich constituyen el substrato biofísico de la conciencia, situado en las formaciones del sistema nervioso1).

La correlación neurológica -el substrato del sistema nervioso- se localiza en los hemisferios cerebrales ya que las pautas de comportamiento están conectadas a un substrato cerebral y orgánico, en donde los conflictos biológicos o confrontaciones ante estas necesidades básicas se conectan con la misma correspondencia neurosomática, ya que estos conflictos son rememoraciones de los requerimientos que se han producido en el transcurso de la evolución.

Por este motivo, el macho (diestro) reacciona con una respuesta agresiva ante su primer conflicto vinculado con aspectos territoriales: de forma masculina. El comportamiento del macho, modulado por las hormonas masculinas, refleja este tipo de conducta. El substrato cerebral que regula este comportamiento se localiza en la corteza cerebral derecha. La hembra (diestra) reacciona según pautas femeninas en su primer conflicto ante situaciones que comprometan su espacio vital -aparearse con un macho y formar su nido o territorio-. Su substrato cerebral será el hemisferio cerebral izquierdo.

En los trabajos del Dr. en Medicina Interna: Ryke Geerd Hamer en su tesis de habilitación, se puede encontrar la cartografía de las áreas cerebrales con esta relación psico-cerebral. Esta cartografía no considera estrictamente el tipo de actividad global que se atribuye, según muchos autores, a cada uno de los hemisferios cerebrales; el hemisferio derecho expresa contenidos más holísticos y creativos y el hemisferio izquierdo es el intelectual y practico. Sin embargo son coincidentes en aspectos como las actividades de carácter masculino, localizadas en el hemisferio derecho, en donde predominan las habilidades espacio-temporales, tan necesaria para la caza y las actividades de carácter femenino localizadas en hemisferio cerebral izquierdo, que permiten habilidades más «finas», incluido el desarrollo del lenguaje.

Esta lateralización cerebral se convierte en una ventaja en los zurdos y zurdas en los conflictos que se implican o movilizan las hormonas sexuales, ya que en estos casos la correspondencia cerebral se localiza en los hemisferios cerebrales contralaterales: macho zurdo en el hemisferio cerebral izquierdo y hembra zurda en el hemisferio derecho. La relación psique-cerebro se cruza, manteniéndose la correspondencia cerebro-organo. Por tanto, el impacto correspondiente en el nivel vivencial o psíquico será recibido en el hemisferio contrario al de los diestros o diestras.

Estos cambios tienen una gran importancia en el ámbito de especie, ya que las hembras diestras que mantienen la función reproductora, ante conflictos relacionados con este imperativo, van a expresar una amenorrea con una consecuencia nefasta para la supervivencia de la especie. Las zurdas, al reaccionar con el hemisferio derecho, van a expresar una sintomatología caracterizada por una depresión y una angina de pecho aligerada a causa de su protección hormonal, sin invalidar la capacidad reproductora, ya que provoca una reacción de hiperactividad sexual con una práctica más o menos promiscua en relación con la intensidad del conflicto.

Este tipo de reacciones se observa, también, en mujeres diestras con disminución de los niveles de hormonas femeninas con relación a las masculinas, tal como se observa en la menopausia y en las castraciones químicas y quirúrgicas. Así mismo el macho zurdo con aumento del nivel de hormonas femeninas en su índice o equilibrio hormonal, manifiesta también este tipo de respuesta, ya que en la práctica reacciona como una mujer zurda premenopáusica.

El imperativo de vida en los machos es expansivo: conquistar espacios vitales o territorio para su prole. En caso de conflicto, los diestros expresan sintomatología orgánica en las arterias coronarias con el riesgo de infarto de miocardio. Los zurdos reaccionan ante las situaciones conflictivas territoriales con conductas de hiperactividad o maníacas, con el objetivo de recuperar la perdida de territorio. El macho diestro con un aumento del nivel de hormonas femeninas expresa este tipo de conducta, ya que el contenido del conflicto de territorio es vivido como un conflicto de frustración sexual en el sentido femenino.

Es muy importante tener en cuenta en esta relación a tres bandas entre psiquismo, cerebro y órgano o conducta, que ciertos tipos de educación (educación masculinizante en las niñas y femenizante en los niños), la conflictividad anterior en la historia biográfica, la toma de medicamentos con efectos hormonales y ciertos tipos de alimentos, entre otros factores, pueden condicionar las respuestas anteriormente señaladas. No se ha de olvidar que la actual civilización es una fuente de distorsión de la conducta en tanto individuos, género y especie. Por este motivo, los primeros vínculos con nuestros padres o figuras equivalentes son tan importantes. Reconocer esta relación nos va a ayudar a ser más felices en nuestra evolución de la conciencia.

No hay duda que las experiencias traumáticas en la primera infancia suponen una fuente de distorsión en el desarrollo integral del ser humano. En la medida que estas experiencias ponen en marcha diversos mecanismos de respuesta psicofísica, se observan diferentes expresiones en el ámbito de lo psíquico, físico o ambos a la vez. Pero no se ha de olvidar que este tipo de experiencias pueden desencadenar un mecanismo de crecimiento personal más acelerado: en ambientes con graves problemas familiares se observan niños con una edad mental más desarrollada que la correspondiente a su edad cronológica.

En lo psíquico se pueden observar desde los llamados trastornos del carácter hasta cuadros más graves, concretados en las neurosis o trastornos de la conducta: psicosis maniacodepresivas o cuadros esquizofrénicos.

El mecanismo generador de este tipo de respuestas se establece a causa del establecimiento de las «constelaciones esquizofrénicas», fenómeno que traducido al lenguaje habitual se puede expresar como «cruce de cables»: La expresión psíquica aparece ante dos o más conflictos psicobiológicos, excepto en la depresión y la manía que surgen de situaciones conflictivas vinculadas al territorio y alteraciones de los niveles hormonales que impregnan a los hemisferios cerebrales.

Las constelaciones o combinaciones de diferentes conflictos biológicos, que se producen en general «en cruce» en los hemisferios cerebrales, no solo se van a expresar en síntomas psíquicos, los cuales pueden variar en intensidad, desde las llamadas neurosis hasta las psicosis más graves, sino también van a determinar «rasgos de carácter» e incluso las distintas tipologías biofísicas de los individuos. Tipologías, que clásicamente se clasifican en leptosómicas, pícnicas y atléticas, ya que estas constelaciones o combinaciones influyen en los periodos de crecimiento y maduración de los individuos de una especie.

Las manifestaciones clínicas de estas combinaciones, son los llamados trastornos psico(patológicos), que como un elemento nuevo, adquieren su propio sentido en el contexto conflictivo del individuo. Tal como lo observamos, a modo de símil, con un elemento químico nuevo, que, surgido de dos elementos más simples, adquiere sus propias características2:
 

Relación entre las pautas psico(biológicas) y las psico(patológicas).
Pautas psico-biológicas. Conductas psico(patológicas).
PRESERVACIÓN. Desorientación temporal-espacial.
RESERVA.  Consternación.
SEGURIDAD.  Inhibición (autismo).
VALORACIÓN. Megalomanía.
Territorial.  Depresión, manía, agresividad.
COMUNICACIÓN.
Separación. 
Ausencia, amnesia.
Miedos.  Alucinación, euforia, paranoia, bloqueos.

Los primeros vínculos que establecemos con la realidad se establecen con nuestra madre, y posteriormente con el padre. Cada uno de ellos en su momento apropiado llena el conjunto de nuestras necesidades: La madre da contenido a un espacio de seguridad -nido- en que las primeras formas sensibles de relación se establecen con el sonido, el tacto y con el alimento reparador. El padre constituye la «salida al exterior», la referencia externa en donde se establecen los limites de actuación -territorio- en que las normas sociales penetran en la conciencia de cada uno de nosotros y ayudan a formar nuestra identidad como seres humanos. La madre llena nuestro «universo femenino». El padre nuestro «campo de batalla masculino». Determinar en que medida las primeras experiencias -vínculos- influyen en nuestras vidas es un ejercicio de cada uno de nosotros. La descripción que se expone en este artículo con los elementos de análisis que se presentan, pretenden ser una ayuda para este cometido.
 

Vicenç Herrera Adell.
Médico con dedicación al diagnóstico psicobiológico.


1Danah Zohar, la Conciencia Cuántica, ediciones Plaza & Janés, 1993.
2Se impone un trabajo de investigación en la práctica clínica para tratar de comprender este nuevo significado. Esta respuesta conductual constituye un extraordinario programa inteligente y coherente, que la naturaleza nos proporciona para la supervivencia de la especie.


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