Fiebre aftosa, la gestión de una supuesta crisis.
Steven Ransom.
Credence Publications.
Durante esta última semana los boletines internacionales de noticias de radio y televisión han llevado a las audiencias de todo el mundo reportajes sobre una pestilencia invasiva. La pavorosa y altamente infecciosa enfermedad del ganado, conocida como fiebre aftosa, ha vuelto a las orillas británicas. El mundo está girando alrededor de los reportajes sobre «la extensión de la pesadilla de la fiebre aftosa». Montones de ganado destruido, espantosas fogatas ardientes en la noche, reporteros con la cara cubierta de ceniza enviando las últimas estadísticas sobre la epidemia, gente siendo avisada para mantenerse fuera del campo. «De igual manera que transportado por el aire, la fiebre aftosa puede adherirse a los neumáticos de los coches. No te arriesgues a ir al campo, a menos que sea absolutamente necesario» alertó la BBC el lunes 27 de Febrero en las noticias de las 22 h. El mismo boletín incluía que partidos de rugby habían sido cancelados, se cernía una crisis sobre la falta de carne, secuencias de los una vez prósperos, pero ahora vacíos mercados de ganado, montones de noticias a bombo y platillo, montones de emociones, montones de especiales de televisión... pero, tal como descubriríamos pronto, no hechos reales.
Los titulares del miedo.
En realidad, si los acontecimientos de esta última semana, nos han enseñado algo, es lo mucho que estamos a merced de los mass media. Como resultado de este bombardeo de emociones y desapropiadas noticias, hay ahora miembros del público que consideran genuinamente irresponsable tener colgada una tira de bacon para sus pájaros de jardín, o ir a pasear al campo hasta que esta crisis no haya pasado. A pesar de los muchos pronunciamientos fidedignos de la BBC, ITV, CH4, los hechos que envuelven esta crisis difieren, de lejos, de lo que nos ha sido contado.
Abigail Wood, investigadora concienzuda sobre la historia de la fiebre aftosa, está adscrita a la Universidad de Manchester del Reino Unido. Ella permanece con los pies en el suelo sobre estos últimos reportajes que hablan de «un violento y depravado virus». Credence Publications contactó con ella como resultado de su reciente artículo publicado en el UK Times, el cual empezó así «La fiebre aftosa es tan seria para los animales como un mal resfriado es para las personas. Por tanto, ¿porqué la preocupación?». La investigación de Woods, junto con la investigación llevada a cabo por Credence Publications, evidencia que la fiebre aftosa no es el violento «gremlin» que nos han hecho creer.
Los hechos.
Por tanto, ¿qué es la fiebre aftosa?. El conocimiento actual que examinaremos más tarde, teoriza que la fiebre aftosa es de naturaleza viral. Los síntomas de la fiebre aftosa en el ganado comienzan usualmente con fiebre, seguida en las 24 horas siguientes por ampollas y úlceras en lugares tales como la lengua, los labios, las mejillas, el paladar, la piel interdigital de las pezuñas, en los talones y en las ubres lecheras. Ocasionalmente, las úlceras aparecen dentro de los orificios nasales, en el hocico, o en la vulva. Visualmente estas úlceras son equivalentes a grandes llagas debidas a un herpes. La debilidad y enfermedad resultantes causan una disminución del apetito, disminución en la producción láctea, y de la productividad en general, incrementándose así los costos de mantenimiento. Los animales afectados casi siempre se recuperan, normalmente en una o dos semanas. Las muertes sólo ocurren en un 5% de los casos. Y la carne es apta para comer.
Durante la gran parte del siglo XIX, la fiebre aftosa fue común en todo el Reino Unido. De hecho fue endémica. Pero no destruyó la ganadería, sino que convivíamos con ella. Nuestro ganado enfermaba y luego se recuperaba. La vida continuaba normalmente. Por tanto, ¿por qué entonces las escenas actuales de destrucción masiva?. Pues simplemente porque hemos continuado con la desafortunada política ganadera instituida casi 50 años atrás. Wood, dice: «La política de destrucción inmediata fue implementada en los 50 por las autoridades del Reino Unido, como resultado de la creciente presión a lo largo de los años, de los propietarios de los rebaños de buena raza o pedigrí, (más que de los productores de leche y carne), los cuales deseaban constatar la erradicación de la fiebre aftosa. La continua promoción de la política del sacrificio en las autoridades británicas, como la forma más efectiva de tratar con la fiebre aftosa, eventualmente persuadió al continente y al resto del mundo a seguirla. Nosotros instituimos dicha política, por tanto ahora hemos de vivir con los resultados de esa política».
En aquellos tempranos años, la fiebre aftosa formaba parte tanto del campo británico como el mal tiempo, las malas cosechas, y otras aflicciones que formaban parte del sustento diario. Pero en la actual ganadería intensiva, la producción y la reputación global, lo es todo. Como el Reino Unido continuó, como veremos, con la insistencia infundada de que la fiebre aftosa es altamente infecciosa, y que debe ser erradicada a todo coste, un rumor en los mercados alimenticios, de que los rebaños del Reino Unido tuviesen fiebre aftosa, llevaría casi automáticamente a las actuales y desproporcionadas escenas. Si estamos en una trampa, es la que hemos fabricado nosotros mismos. Y si esta última «epidemia» esta siendo referida como una pesadilla, esta pesadilla ha sido llevada a cabo por nuestras propias políticas económicas y gubernamentales. El anterior celo por el perfecto pedigrí, rebaños libres de enfermedades, ¿no es éste mismo ideal el reflejo en la búsqueda actual del genoma, para una raza humana libre de enfermedades?. Parece que la política en relación con la fiebre aftosa de «destrucción instantánea», tiene sus raíces en la creencia errónea de que toda enfermedad, incluso aquellas consideradas menores y/o no dañinas, pueden eventualmente, ser erradicadas.
Las vacas, cerdos y ovejas que mueren actualmente no lo están haciendo como resultado de ninguna enfermedad. Están muriendo completamente a manos del hombre. El reportaje preliminar sobre esta última epidemia de fiebre aftosa presentado por el Dr. J. M. Scudamore, UK Chief Veterinary Officer, a la OIE (Oficina Internacional de Epizootias), cuenta que de 35 casos en tres granjas, ninguna muerte ocurrió debido a la actual enfermedad, pero 577 animales de estas granjas, fueron sin embargo instantáneamente destruidos. ¿Deberíamos destruir a nuestros niños porque estén tosiendo?.
¿Cuestiones fundamentales?.
Con los hechos en la mano respecto a la fiebre aftosa, ¿no deberíamos empezar a hacernos algunas preguntas fundamentales?. ¿Por qué no pueden ser dados los hechos necesarios a nuestra vital comunidad granjera y al público en general?, y lo más importante, la oportunidad de cuestionar esta política de destrucción inmediata. Pero ahí descansan las tradicionales dificultades. «Sería muy difícil cambiarlo ahora». Wood nos explicó. «Esto sería como cuestionar la sabiduría de los últimos 100 años». Son el error científico atrincherado y el orgullo intratable, compartidos por los organismos de agricultura y gobierno del Reino Unido, quienes en nuestra niebla, son los asesinos. Un portavoz del departamento de diagnosis del Animal Health Trust, que prefirió no ser nombrado, dijo: «El boom informativo esta fuera de toda proporción. Si las autoridades únicamente dejasen a los animales que se recuperasen solos de la fiebre aftosa, esto los haría saludables, e inmunes la próxima vez».
Ateniéndonos a «la fiebre aftosa como un resfriado común», ¿qué hay acerca de que la fiebre aftosa sea de naturaleza vírica, que es transportada por el aire, y que se adhiere a los neumáticos de los coches y a las botas Wellington? Aparentemente, el virus de la fiebre aftosa es bastante transmisible siendo espirado por los cerdos, pero no inspirado por los perros o gatos. Puede ser hospedado por los caballos pero sin causarles la enfermedad, y los humanos también pueden contraer el virus sufriendo leves irritaciones en la piel. ¿Pero tiene base, en realidad, este patrón de la enfermedad? ¿Se conforma a un razonable patrón de enfermedad? ¿O estamos una vez más confiando en la sabiduría actual? En el intento de descubrir como estas agencias llegan a un diagnóstico positivo sobre la fiebre aftosa, y tratando de conseguir una explicación para la que parece ser una ilógica proliferación natural de la fiebre aftosa, algunas convencionales técnicas «con truco» salen a la superficie. Y especialmente cuando es cuestionada la posibilidad de un mal diagnóstico.
El test sanguíneo usado para determinar la presencia del virus de la fiebre aftosa se conoce como test ELISA o test-ensayo enzimático ligado a la absorción inmune.
El test resulta positivo cuando se detectan proteínas y anticuerpos en la sangre, proteínas y anticuerpos que presumiblemente están ahí como resultado de la presencia del virus. Todavía no existe ninguna fotografía en ningún lugar del virus de la fiebre aftosa. Como con otros muchos virus en la $multibillonaria industria de los virus, sólo tenemos innumerables impresiones artísticas de ellos para pasar el tiempo. En cuanto a una verdadera prueba se refiere, no hay ninguna. Nosotros aceptamos el modelo vírico para la fiebre aftosa (y la Encefalopatía Espongiforme Bovina, respecto a eso) porque es lo que se nos ha dicho.
Pero hay buenos fundamentos añadidos para cuestionarse la validez del entero enfoque para detectar la enfermedad. El test ELISA ha llegado a nosotros con una compleja historia.
En el reino de la medicina humana, el ELISA es usado extensamente para detectar ciertas enfermedades, particularmente el HIV.Y este mismo test es ahora reconocido como el responsable de dar un muy alto número de «falsos» positivos HIV diagnosticados. La literatura médica convencional da unas 60 diferentes condiciones, no relacionadas con el virus, que pueden provocar un HIV positivo, incluida la gripe. Es el conflicto de intereses, de enormes pérdidas farmacéuticas, de un atrincherado error y la amenaza de una litigación masiva, lo que ha impedido que esta desastrosa historia llegue a ser más ampliamente conocida.
De vuelta a los corrales, descubrimos que el reino animal es igualmente susceptible a proteínas extrañas en la sangre y elevados niveles de actividad de anticuerpos. Solo el estrés por confinamiento puede producir una respuesta inmune en un animal. Kelly Sapsford, director de operaciones en los laboratorios Harlan Sera, una compañía productora de suero y anticuerpos nos contó que: «Los anticuerpos no son necesariamente específicos a una enfermedad. Imagina una llave que encaja en una cierta cerradura. La llave para esa cerradura no es necesariamente única. Podrían haber, muy bien, otras cerraduras por ahí, a las que la llave encajase». ¿Qué enfermedades menores hay en el reino animal que podrían provocar la misma respuesta inmune a la fiebre aftosa? ¿Y con todas estas granjas siendo visitadas a una velocidad tan vertiginosa, cuáles son los protocolos que se han llevado a cabo? ¿Están siendo llevados a cabo?. Seguramente se nos permita conocer estos hechos.
No se admiten preguntas difíciles.
Los responsables del Pirbright Animal Health Laboratory para la supervisión de esta última «crisis» sin embargo piensan de otra manera. Las preguntas difíciles no son consideradas. Bajo las instrucciones específicas de dirección, el Dr. Tom Barret del Pirbright nos contó que al personal no le estaba permitido responder a ninguna pregunta, excepto a través del Director Médico. Numerosas llamadas al MAFF (Ministerio de Agricultura, Alimentación y Pesca) produjeron las mismas respuestas negativas, dirigiéndonos solamente a su web. Repetidos intentos de hablar con alguien de autoridad en el Pirbright finalmente nos llevó al Jefe de Diagnosis, John Anderson. El nos informó que como los tests ELISA son fabricados «en casa», «por supuesto, ellos son fiables». El mismo patrón de respuesta es la que nos fue proporcionada por las autoridades relevantes en cuanto las cantidades de erróneos diagnósticos por HIV empezaron a salir a la luz.
Anderson entonces hizo una relación de otros tests que eran usados en conjunción con el ELISA para supuestamente confirmar la presencia del virus. Desafortunadamente, los tests de confirmación que el mencionó eran todos igualmente susceptibles de error. Y el hecho de que los tests de fiebre aftosa del Pirbright estén hechos en casa los excluye de ese valioso chequeo y sistema de ponderación conocido como «peer review» (revisar concienzudamente). Cuando fue presionado sobre estos aspectos, el Sr. Anderson no quiso entrar en la discusión. Por tanto, extraer información cualificada de los organismos gubernamentales, no nos lleva a una respuesta unívoca y directa. Colin King, portavoz de una compañía veterinaria independiente de diagnosis, dijo: «La información detallada del protocolo que tu buscas será casi imposible de conseguir. Tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra, estas agencias gubernamentales, no te contarán realmente nada».
La actual «crisis» de la fiebre aftosa se resume en un simple extracto muy revelador del informe de Abigail Woods sobre la epidemia de fiebre aftosa de los años 20 en Cheshire. Extraído de los periódicos locales de Cheshire, que se pueden consultar en la Cheshire Records Office, leemos «Equipos del Ministerio quisieron llegar tan lejos con sus matanzas que en muchas granjas las vacas ya se habían recuperado antes de que los matarifes llegasen». Granjeros observando a sus ahora normales vacas, con perplejidad preguntaban: «¿Qué es esto? ¿Era esta trivial enfermedad por la que se ha armado tanto barullo?».
Hasta que la MAFF y otras agencias responsables empiecen a responder a estas preguntas, y hasta que nosotros, el público en general cese de adorar tan incesantemente al altar de la ciencia médica convencional, esta crisis (así como en otros casos yatrogénicos, o crisis inducidas por los doctores) permanecerá fuera de control y destrozándolo todo a su paso. Así, ha sido en la investigación más detallada de esta situación, como nos hemos dado cuenta de que las únicas entidades identificables en esta crisis fuera de control, son nuestra propia ignorancia de los hechos y esos organismos oficiales que dirigen los actuales exterminios. El hecho de que los últimos boletines de noticias nos informen de que la intervención «experta» puede haber contenido ahora la crisis, no nos debe calmar en cuanto a un falso sentimiento de seguridad respecto a estos «expertos». En primer lugar, no había nada de lo que preocuparse. La totalidad de todo esto ha sido una absoluta desgracia.
Pero lo que es peor, no veo ningún riesgo en salir a pasear por
el campo. Y si yo fuese a ocupar el puesto de «ministro para la alimentación
de los pájaros», no dudaría en dar el permiso a todos
los amantes de los pinzones, para colgar esas tiras de bacon,... si es
que el bacon es de su preferencia, ¡por supuesto!.